El mayor exponente de alquiler de perros de seguridad, SchoolCanin, protege a los aficionados del Betis, Sevilla, Málaga o Córdoba

Barcos, partidos de fútbol de equipos como Sevilla, Betis, Córdoba o Málaga, residencias lujosas de príncipes saudíes en Marbella, riesgo de explosivos en eventos multitudinarios, mujeres en peligro por violencia de género... solo hace falta una llamada para que Manuel se ponga en marcha con sus perros y prepare a conciencia a los vigilantes de seguridad para que den el salto a ‘caneros’ formando binomios con una alta cualificación sin competencia hoy en día. Manuel Rodríguez de SchoolCanin, el mayor exponente de alquiler de perros de seguridad, protege a los aficionados del Betis, Sevilla, Málaga o Córdoba, entre otros
Manuel Rodríguez es el dueño de SchoolCanin, una escuela de perros de seguridad ubicada en Sevilla que da protección a miles de personas al año.
Comenzó en 1983 con media docena de perros de seguridad o de detección y hoy día es el mayor exponente de nuestro país en el sector de alquiler de perros de seguridad. “Yo me dedico a los perros, los preparo en mi escuela y cuando una empresa de seguridad me lo pide formo a sus vigilantes para conformar un binomio indisoluble”.
Pero no todo es emparejar y a correr. “Hay mucha gente que tiene muchas ganas pero muy poco manejo de los perros. Cuando una empresa seria me lo pide yo les doy la formación, generalmente cada seis meses evaluamos al vigilante y hacemos a modo de examen algún tipo de simulacro que el personal no conoce, si no responde bien le quitamos el perro y no seguimos”.
No quiere decir que despidan a ese empleado de la empresa de vigilancia, ya el propietario decide, “yo lo que hago es separar al perro, romper el binomio, esto no es broma, si el guía no da la talla no dudo ni un segundo en comenzar el proceso de nuevo con otro vigilante”, indica Rodríguez a LADRIDOS.
“Las empresas serias se dejan la piel y el dinero para tener vigilantes muy bien formados, los binomios tienen que ser muy fiables, yo me encargo de los perros y de formar a los guías con los que van a trabajar, generalmente me cuesta más trabajo preparar a los guías que a los perros”, se lamenta el director de SchoolCanin en declaraciones a esta revista.
Con apenas 15 años comenzó en el mundo de los perros, hoy con más de 60 sigue casi igual, eso sí, con un bagaje y un prestigio a sus espaldas que le permite seleccionar más con quién y con quién no trabajar.
Poca variación
“Desde que empecé poco ha variado mi trabajo, me gusta mucho lo que hago, vivo para los perros aunque ahora selecciono mucho más, ya no tengo ganas de discutir con ninguna empresa, si me siento cómodo formo a sus vigilantes y los emparejo con mis perros, no entro en el juego de la competencia tan desastrosa que hay entre las empresas de seguridad, que bajan los precios una barbaridad con tal de coger volumen, pero al final es una muerte anunciada, en cuanto hay un vigilante de baja o su contratista le paga a 45 días ya está en pérdidas”.
Manuel Rodríguez se siente muy satisfecho de dar un buen servicio sin minusvalorar el coste económico. “Yo siempre voy por delante, si en SchoolCanin llegamos a diez perros trabajando con vigilantes de seguridad, nosotros tenemos 20, hay que ir por delante. Si nos demandan 15, tenemos 30, es así o no avanzas”, añade con orgullo el director de esta escuela montada con todo lujo de mimos.
Quizás sea por esto que su escuela de perros de seguridad y detección es muy demandada cuando de repente hacen falta perros por alguna situación especial.
“Cuando yo empecé, era una situación social muy dura, con muchas amenazas terroristas, trabajaba más en detección que en intervención, en aquel entonces tenía servicio 24 horas ante la gran inseguridad que existía, te llamaban y tenías que salir corriendo, pero para toda España e incluso para el exterior”.
Afirma con orgullo cómo la sociedad ha ido cambiando en cuanto a su manera de ver los perros. “Ahora el perro se mira de otra forma que antes, y se valora de otra forma, antes era un perro que estaba ahí y no se valoraba, cuando un perro detectaba algo siempre se decía que el guía había detectado tal o cual, no, el 50 por ciento es trabajo del perro y el 50 por ciento del guía”.
Aunque como todo tiene un pero, se lamenta de que ahora a veces no se ve el trabajo de los perros hasta que le afecta a la persona en la propia piel o en la de sus familiares. “Vemos un perro buscando y localizando a una víctima en un terremoto por ejemplo y apenas le damos importancia, incluso hay gente que lo ve como maltrato, pero cuando nos afecta, cuando nuestros seres queridos están debajo de los escombros reivindicamos a los perros de rescate con fuerza”.
Pone el perro
El esquema de trabajo en la empresa de Manuel Rodríguez, donde hay cuatro instructores caninos, es sencillo. “La empresa de seguridad pone el vigilante, yo pongo al perro”. Un ejemplo muy evidente es su próxima labor en Marbella. Un príncipe de Arabia Saudí de tres, hermanos, que tienen una residencia en esta tierra malagueña, le ha pedido sus servicios para que revise y aporte total seguridad a su vivienda porque el 13 de diciembre se va a desplazar con su familia unos días.
“En este caso, durante quince días un vigilante de seguridad, contratado directamente por el príncipe saudí, tiene que acudir a mi formación con uno de mis perros, deben hacer vínculo muy fuerte, entenderse y trabajar de forma exquisita juntos. Una vez el binomio formado sin ninguna grieta iremos a la residencia a ofrecer la seguridad necesaria para que el príncipe pueda venir a España con su familia con total tranquilidad”.
SchoolCanin no es solo centro de formación, también tienen criadero para buscar líneas de trabajo específicas. La mayoría de sus perros son pastor belga malinois y pastores alemanes. Viven en el centro, donde su hijo habita en una casa anexa y se encarga de cuidarlos.
La hora del ‘juego’
Son poco más de las cuatro de la tarde y Nilo, un pastor belga malinois de cuatro años especializado en búsqueda de estupefacientes, hace su aparición en una pista de trabajo del centro SchoolCanin de la ‘mano’ de Manuel.
En la pista, que está llena de artefactos viejos a modo de objetos donde podrían esconderse las drogas en la vida real, el hijo del director ha colocado una pequeña cantidad de heroína entre las aspas de un viejo ventilador. Rodríguez va sereno con el perro, le manda buscar y Nilo comienza a olfatear lavadoras, teles, cajas, lámparas, una furgoneta achatarrada y hasta una moto apoyada en una pared. Es sorprendente ver como en menos de un minuto se dirige al ventilador, se sienta y marca que allí hay algo. Mira a su dueño esperando su juguete y a disfrutar de un trabajo bien hecho. Corretea con su mordedor y enseguida vuelve a su morada.
Ahora es el turno de Rex, otro malinois, en este caso de más de cinco años y especializado en búsqueda de explosivos. Sale con la energía que caracteriza a esta raza con un claro objetivo: encontrar cuanto antes el paquetito de ‘seudo’ que está por algún lugar de la pista de césped y así recibir su pelota. Olfatea varios conos repartidos de forma desigual por la zona y enseguida se detiene en uno, con ansiedad pide su pelota. Le esperaba otra sorpresa, si sigue buscando volverá a jugar. No lo duda, en una pared se encarama a un interruptor de luz y deja claro que allí hay algo escondido. Otro rato de juego y más feliz que una perdiz.

